Pompeya, “donde todo estaba permitido”

De manera casi inevitable cuando se piensa en Pompeya se nos viene a la mente esa bellísima y antigua ciudad de la campiña italiana catastróficamente enterrada junto con sus habitantes el fatídico año 79.

En Pompeya corría el Siglo I de nuestra era y los pompeyanos habían aprendido a vivir la dolce vita, vertiginosamente, como si cada día fuera el último; una prospera situación económica, un desarrollo cultural inigualable, la pasión por el arte, el teatro, la palestra, las intrigas políticas, la violencia, la sangre fresca  y joven de gladiadores y el innato gen de devorarse la vida hasta el último suspiro amalgamaron y concluyeron en una vida sin prejuicios, ni censuras, libre de tabúes y donde todo o mejor casi todo estaba permitido.

Después del último día de la vida en la ciudad de la lujuria en que cuentan que el día se hizo noche porque la furia del Vesubio tapo el sol, y el paraíso se hizo infierno, después… muchos siglos después, aproximadamente en el 1500 cuando los arqueólogos comenzaron a excavar entre las cenizas endurecidas, se sorprendieron enormemente de sus hallazgos; pinturas eróticas, con escenas pornográficas, que descaradamente se presentaron ante los investigadores y en una especie de pudor o censura arqueológica los científicos cerraron otra vez la caja de pandora, tal vez para que no salieran sus secretos y el mundo tuviera que convivir con ellos.

Pompeya y la revelación erótica

Fue recién con los trabajos de 1860 que Pompeya reapareció y se mostró sin escrúpulos tal cual había sido su esencia y las pinturas de los burdeles, clubes privados y casas particulares contaron cuánto y cómo disfrutaban del sexo; de una manera atrevida, sin ataduras, hombres con hombres, hombres con mujeres, mujeres con mujeres, sexo grupal, orgías, esclavas con sus amos.

Las escenas impresas en las paredes son el testimonio del deseo y las fantasías hechas realidad en las noches y en los días de la vida mundana de Pompeya.

Todos los indicios parecen afirmar que en algunas casas de personas acomodadas existían habitaciones donde se practicaba el sexo de manera grupal, cuartos muy bien decorados con pinturas eróticas y, a juzgar por la calidad, de alto valor económico, algo llamativo es que estas habitaciones tenían una ventana pequeña como si las escenas se pudieran observar en vivo al otro lado de la pared, al mejor estilo fisgón.

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El gran Lupanar de Pompeii

Además de numerosos burdeles era bien conocido y muy popular el gran lupanar, es decir casa de citas o prostíbulo, el termino proviene del latin lupa que significa indistintamente ramera o loba.

El prostíbulo contaba con cinco habitaciones en la planta baja y otras cinco en el segundo piso, sobre los dinteles de las puertas las pinturas revelan las especialidades sexuales que se ofrecían una vez que se cruzaba el umbral.

La sociedad pompeyana se las ingenió para marcar muy claro quiénes eran las meretrices, eligieron para ellas el pelo siempre suelto y obligatoriamente teñido de color rojizo, túnicas al estilo masculino y nunca de color púrpura que era reservado para las señoras decorosas. Estos cuidados son evidentemente puramente apariencias sociales ya que es bien sabido que las pompeyanas eran muy felices a la hora del sexo y que uno de los objetos de su deseo eran los siempre sexy gladiadores, casi todas querían dormir con ellos, eran una especie de ídolos; una combinación de fuerza guerrera con su condición obligada a la sumisión los convertían al parecer en irresistibles y es así que muchas hasta les dejaron sugestivos mensajes grabados en las paredes.

Las esclavas también jugaron a un juego que llevó a más de uno a un terreno resbaladizo al punto de escribir en un importante brazalete algo así como; de su amo para su esclava preferida. La mirada en retrospectiva nos regala la gran oportunidad de caer en la tentación de interpretar el personaje que se nos ocurra en la más loca de nuestras fantasías, en este caso desde el más viril y atractivo gladiador hasta el más seductor de los amos o una bellísima prostituta o una esclava o una dama decorosa por fuera.

Tanto en la vida como en el teatro la interpretación nos ofrece sensaciones desconocidas, emocionantes, experiencias surrealistas que nos hacen creer en más de una vida al mismo tiempo; mágico.

¡Gracias Pompeya!

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About Fiona Sachs

Soy Fiona Sachs. Apasionada de la literatura y el arte erótico. Me encanta viajar para conocer los lugares más recónditos de los placeres humanos, desde la India espiritual a las Baleares salvajes. Adoro compartir mis descubrimientos sobre el sexo y las pasiones terrenales, y hablar sin tapujos sobre aquello que a todos, de alguna forma u otra, nos seduce y nos importa.

6 comentarios en “Pompeya, “donde todo estaba permitido”

  1. LUIS FRANCIA dice:

    BUEN Y HERMOSO DIA…..FIONA !!! ES INTRIGANTE Y APASIONANTE TODO LO QUE HAS ESCRITO…ME HA GUSTADO MUCHO LAS HISTORIAS APASIONNTES QUE HAS DESCRIPTO…SIGUE VIAJANDO Y SIGUE RELATANDO TUS LINDOS DESCUBRIMIENTOS Y ASI COMPARTIRLOS CON PERSONAS COMO YO NOS GUSTA LA LITERATURA Y MUCHO MAS SI ESTA LO EROTICO Y EL SEXO , LA PASION Y LA LUJURIA QUE COMO TU LO DICES….NOS SEDUCE Y NOS IMPORTA…

    CARIÑOS A LA DISTANCIA…LUIS F

    1. Fiona Sachs dice:

      Buenos días Luis, cómo estás?, muchas gracias por escribirme, me alegra saber que te interesó Pompeya. La idea es contar historias que me apasionan porque llevaron a sus protagonistas a situaciones y lugares insospechados. Ojalá te guste la próxima!. Te espero, un cariño. fiona

  2. Mercedes dice:

    Muy linda nota ! Para repensar la sexualidad y su disfrute sin prejuicios !

    1. Fiona Sachs dice:

      Hola Mercedes, cómo te va en la vida?, me encantó lo de repensar y si es para disfrutar muchísimo mejor!!!!!!!. Buena suerte!.
      Un beso. Fiona

  3. leandro dice:

    Gracias por todas tus lecturas, n me pierdo ninguna. Siempre espero la siguiente….. Saludos

    1. Fiona Sachs dice:

      Gracias a vos Leandro por tu interés, es un placer para mí que te gusten mis historias 🙂 Fiona

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